Marzo de 2020. El mundo se detuvo.
Llegó la pandemia y, con ella, el encierro, el silencio y el miedo. En San Francisco de Mostazal muchas puertas se cerraron. Pero detrás de esas puertas había algo peor que el virus: soledad, hambre e incertidumbre. Familias que vivían el día a día se quedaron sin nada de un momento a otro. Sin trabajo. Sin red de apoyo. Sin nadie a quien pedirle ayuda.
Soy Alexis Ortiz Galindo, fundador de esta historia. Junto a mi esposa, Soledad, y mis hijos —Diego, Matías, Tomás y Mateo—, mi hermano Nelson y mi amigo Patricio, no pudimos quedarnos mirando por la ventana. Sentimos que, si teníamos un techo y un plato de comida, era nuestro deber compartirlo.
Así partió todo: sin plan, sin nombre, solo con convicción. Armamos cajas de mercadería, las cargamos en el auto y salimos puerta a puerta. Una caja, una conversación, un “aquí estamos”. Ayuda humana, directa, sin intermediarios.
Ese primer año entendimos algo que ya no nos abandonaría: la necesidad no se va cuando termina el mes.
Diciembre de 2020. Nació la idea.
Si no podíamos cambiarles la vida entera, al menos podíamos regalarles una noche distinta. Una noche con olor a comida caliente y la ilusión de un regalo bajo el brazo.
Partimos con 20 cenas y 20 regalos. Eran 20 familias de Mostazal que esa Navidad no se fueron a dormir con el estómago vacío. Eran 20 niños que volvieron a creer en el Viejito Pascuero. Ahí, sin buscarlo, le pusimos nombre a lo que hacíamos: “Todos los Días es Navidad”. Porque sentimos que la magia de dar no podía durar solo 24 horas.
Lo que era una familia se volvió comunidad.
Al año siguiente se sumó mi hermano. Después llegaron amigos. Vecinos que antes no conocíamos. Gente que, como nosotros, quería hacer algo. La familia Ortiz creció, y con ella creció la cantidad de niños y familias que podíamos abrazar.
Cada año aprendimos un poco más. Dejamos de pensar solo en diciembre. Entendimos que un niño tiene hambre en marzo y un adulto mayor está solo en julio, y que la ayuda, para ser de verdad, tiene que estar todo el año. Empezamos a trabajar de la mano con las juntas de vecinos, a escuchar, a ir directo a donde la necesidad duele más: adultos mayores que viven solos, familias monoparentales, niños enfermos.
Cuidar a quienes nos cuidaron
Descubrimos una necesidad silenciosa, de esas que nadie reclama en voz alta: la salud de nuestros adultos mayores. Muchos postergaban un examen médico por no tener cómo costearlo o cómo llegar. Así sumamos a nuestra labor el apoyo para que pudieran realizarse sus exámenes y controles de salud, porque cuidar a quienes nos cuidaron toda la vida también es una forma de regalar dignidad.
En 2025…
Miro hacia atrás y me cuesta creerlo. Pero el número no es lo importante: detrás de cada regalo hay una historia. Un niño que sonríe, una madre que respira aliviada, un adulto mayor que se sabe acompañado.
“Todos los Días es Navidad” ya no es de una familia. Es de toda la comunidad de San Francisco de Mostazal, que decidió que aquí nadie se queda atrás.
20 → 750
regalos entregados, de la primera Navidad a la última
30
cenas navideñas en la última campaña
365
días al año acompañando a niños y adultos mayores
La Navidad no es una fecha: es una forma de vivir. Y mientras haya una familia que necesite una mano, ahí vamos a estar. Porque para nosotros la Navidad… es todos los días.